Editorial

Según expresa el Dr. Carlos Díaz, reconocido Especialista en Salud Pública de nuestro país, en los últimos 20 años los principales sanitaristas han formulado la hipótesis que los procesos de salud y enfermedad pueden explicarse a partir de las formas de organización social, pero particularmente, de las desigualdades económicas y sociales. El tema que hoy nos ocupa, como seres humanos y profesionales del sistema, es la desigualdad en salud, que es un fenómeno muy extendido e importante en los países de ingresos medios - bajos, donde genera en muchos casos un exceso de mortalidad y morbilidad superior al causado por la mayoría de los factores de riesgo conocidos. Se ha producido un aumento significativo de la misma en Latinoamérica y en Argentina, que nos obliga a introducirla en la agenda política, desde la calidad, la equidad y la eficiencia.

La desigualdad en salud no es un tema de gasto en salud, sino de fragmentación y segmentación, falta de funcionamiento en red, de competencias instaladas, de rectoría por parte del Estado, ausencia de gestión, concentración de las riquezas de un país y otros tantos factores causales. Se preguntarán, qué papel nos toca desempeñar en este escenario?

Si bien dentro del sistema, nuestro servicio es considerado “producto intermedio”, el aporte de la bioquímica se ha convertido en herramienta indispensable en la toma de decisiones para el diagnóstico médico, por lo tanto, como integrantes fundamentales del sistema de salud y principales actores, debemos involucrarnos en la prevención, promoción y educación para la salud, ya que sin esto, existen los riesgos de aumento de la carga sanitaria, disminución o ausencia de la salud poblacional y aumento de los costos ineficientes.

Como individuos y como integrantes del sector bioquímico, no tenemos opciones reales de interferir en el comportamiento económico del sistema, pero podemos organizar un cambio hacia la integración y la integralidad, donde pueda convivir la gestión pública con la privada con un único objetivo común, el firme propósito de disminuir la desigualdad y la inequidad, favoreciendo la justicia social.

Debemos cargarnos de valor para evitar que la salud sea definitivamente el negocio de unos pocos y que las necesidades de salud de la población se conviertan en enfermedades incurables.

Uno de los caminos que nos llevan a este fin es “humanizar nuestra profesión”, centrar todos nuestros actos en “las personas”, acercarnos tanto a quienes asisten a nuestro laboratorio como al médico prescribiente, brindarles seguridad, como solo nosotros sabemos hacer, con calidad en nuestros procesos, con el “saber hacer experto”, poniendo a su disposición toda la información, para disminuir esa brecha comunicacional entre los diferentes actores de esta relación de agencia.

Desde la Confederación Unificada Bioquímica de la República Argentina, que hoy me toca conducir con inmenso orgullo, satisfacción y mayor responsabilidad, considero que para lograr un avance en la disminución de la desigualdad se requiere acción social y liderazgo político decisivo para el fortalecimiento de nuestra Institución, teniendo como pilar fundamental, la preservación de los valores que nos identifican.

Es por esto que debemos transformar la gestión basándonos en el liderazgo ético impulsado en valores y en la seguridad, en la calidad, en el profesionalismo y en la profesionalización de la gestión, instalando funciones gerenciales, en el impulso de la innovación, mejorando las condiciones de trabajo, gestionando y valorando el “talento” humano, incorporando acciones costo efectivas que redunden en beneficio del colectivo bioquímico, propiciando la visión sistémica. En definitiva, "Gestionar con rentabilidad social y uso racional de los recursos".

Considero oportuno citarles a dos grandes personalidades de nuestra historia, el Dr. René Favaloro y al Dr. Ramón Carillo, quienes a pesar de profesar ideas políticas casi directamente opuestas, coincidían en que todo profesional universitario lleva implícita una responsabilidad de trascendencia y que debe entremezclarse con la sociedad que le toca compartir, analizando y estudiando sus problemas para mejorarla.

Ellos opinaban que es nuestra obligación participar y aportar para disminuir la injusticia social, que debemos tener un conocimiento integral del hombre evitando la unilateralidad, valorar las emociones, no olvidar las ideas filosóficas, la poesía, la belleza, el espíritu y el amor, que es todo lo que lo engrandece.

Estoy convencida que para salir adelante debemos identificar las necesidades para poder encontrar las soluciones, con ideas innovadoras, actitud proactiva, trabajo en equipo, en busca del bien común y la equidad. Esto exige apertura, diálogo, conocimiento, esfuerzo, dedicación, pero por sobre todo humildad, firmeza y fundamentalmente AMOR, una construcción posible para superar el pasado, mejorar el presente y construir un futuro próspero.

ALEJANDRA ARIAS
PRESIDENTE DE LA CUBRA RICARDO ALEGRE
María Alejandra Arias
Presidente
C.U.B.R.A.